Ahora, aquí, comienzo mi blog por el principio… y si tengo que hablar de la música en mi vida, sin lugar a dudas, todo comienza con Ramón Medina Hidalgo. Ramón fue un compositor cordobés, brillante, pero sobre todo una inmensa persona. Músico, compositor, pianista, profesor… y para mí además mi “abuelo cordobés”, y sin lugar a dudas mi primer mentor y maestro.

 

Hace ya unos años, Andrés Cosano Molleja, profesor de música de cámara y piano en el Conservatorio de Córdoba, realizó una gran y brillante labor estudiando e interpretando la música compuesta por Ramón cuando ya estaba en sus últimos años. Me comentó la posibilidad de compartir con él mis experiencias con Ramón, y bueno, desde aquí le doy las gracias por darme esa oportunidad, y rescato ahora un fragmento de dicho mail:

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Lo cierto es que Ramón lograba transmitir esa necesidad de expresar la música, de hacer sentir mediante la propia música, pero sin caer en excesos ni aspavientos. Probablemente la mesura que ha caracterizado su vida se plasmaba perfectamente en su música, en su forma de dar clase – siempre haciendo comentarios constructivos y claros, desde el cariño – y en su forma de vivir y comunicar la música. Tiene la difícil capacidad de que su música logre transmitir con una intensidad vibrante, dentro de un marco de mesura y elegancia. La técnica pianística para Ramón, desde mi punto de vista, no era más que un instrumento para poder expresar una pieza musical. Eso sí, era imprescindible y debía realizarse perfectamente, pero no era más que un medio fundamental, nunca un fin en sí mismo. En alguna ocasión, al tocar alguna pieza sin fallos y del “tirón” cuando terminaba me decía: “muy bien para un ordenador, pero no para una persona; Ahora vamos a tocarla de verdad”.

De vez en cuando, supongo que para animarme un poco si llevaba unas semanas regulares con alguna pieza, traía sus composiciones y tocaba. No solía tocar frecuentemente, pero cuando tocaba era un auténtico privilegio. Siempre me sorprendió cómo sobre una técnica pianística que dominaba perfectamente, conseguía hacerte llegar su música. Me emociona pensarlo la verdad, porque sin duda tengo una gran deuda con Ramón, me abrió un mundo inmenso. A lo largo de mis últimos años de estancia en Córdoba fue enseñándome todas sus obras para piano y voz y sus minuetos. Me explicaba la estructura de cada pieza, la armonía que utilizaba; Siempre me ha asombrado el gusto exquisito y el dominio perfecto de la armonía que tiene.

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Creo que a Ramón le emiocionaba especialmente Debussy, Ravel, Chopin, Rachmaninoff, Korsakov…. autores más románticos. Cuando preparábamos alguna pieza de Debussy o Chopin, realmente era algo muy especial. Soy un apasionado del Jazz, y eso también se lo debo a Ramón.

Sin duda alguna Ramón es para mí mi abuelo cordobés. Es una persona bondadosa, elegante, cariñosa, sencilla, siempre muy respetuosa. Nunca he sido un buen comunicador con las palabras, me resulta difícil describir con palabras ese sentimiento de cariño profundo y agradecimiento inmenso a Ramón, no sólo por abrirme el mundo de la música, sino por su forma de ser.

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Siempre fue una persona muy vital a pesar de ese aura de melancolía que le envuelve, pero claramente, al ser injustamente apartado de su coro, ya no es el mismo Ramón. Desde entonces, si estábamos en Córdoba el fin de semana o en vacaciones, pasaba con nosotros muchos días en casa, como uno más de la familia, ya fuera leyendo o escuchando música. Al final del día le acompañaba dando un paseo a su Residencia. Me resulta duro recordar todo aquello, porque marcó un punto de inflexión, en el cual se sumergió en sus recuerdos y sus añoranzas. Desde entonces se le ve mucho más olvidadizo y algo repetitivo, probablemente por su edad, pero muy posiblemente también por su estado anímico.

Supongo que todos tenemos a un mentor, a un maestro que nos marcó para el resto de nuestras vidas, al que echamos profundamente de menos, y con el que tendremos siempre una deuda impagable. No deja de admirarme que los verdaderos mentores son personas realmente sabias, y a la vez profundamente humildes, libres de arrogancias y egos.

Aprovecho este espacio para recordar a Ramón Medina Hidalgo, y lo hago con una sonrisa inmensa, y el corazón muy lleno de todo lo que mi abuelo cordobés me enseñó de la música y de la vida, de la importancia de los pequeños detalles, de los sentimientos, del buen gusto, la honestidad, la mesura y la humildad.