Desde hace tiempo intento aplicar a mi día a día este poema de Rudyard Kipling. No es fácil poder llevar a cabo todo lo que en él se dice, pero, al menos para mí, representa un reto diario.

Aunque lo vi durante toda mi infancia colgado en el despacho de mis padres, nunca reparé en él. Un día, hace pocos años, en una época difícil para mí, mis padres me hicieron reparar en él y leerlo.

A mí me sirve y me ha servido muchísimo, tanto en buenos como en malos momentos.

Espero que pueda ser de utilidad para alguien.

Música del álbum “Imán” de Chano Domínguez.

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 Si puedes mantener en su lugar tu cabeza,

cuando todos a tu alrededor han perdido la suya y te culpan de ello.

Si crees en ti mismo cuando todo el mundo duda de ti,

pero también dejas lugar a sus dudas.

Si puedes esperar y no cansarte de la espera;

o si, siendo engañado, no respondes con engaños,

o si, siendo odiado, no te domina el odio

Y aun así no te las das de bueno o ni de sabio.

Si puedes soñar sin que los sueños te dominen;

Si puedes pensar y no hacer de tus pensamientos tu único objetivo;

Si puedes encontrarte con el triunfo y la derrota,

y tratar a esos dos impostores de la misma manera.

Si puedes soportar oír la verdad que has dicho,

tergiversada por villanos para engañar a los necios.

O ver cómo se destruye todo aquello por lo que has dado la vida,

y remangarte para reconstruirlo con herramientas desgastadas.

Si puedes amontonar todo lo que has ganado

y arriesgarlo todo a un sólo lanzamiento;

y perderlo, y empezar de nuevo desde el principio

y nunca decir ni una palabra sobre tu pérdida.

Si puedes forzar tu corazón y tus nervios y tus tendones,

a cumplir con tus objetivos mucho después de que estén agotados,

y así resistir cuando ya no te queda nada

salvo la voluntad que te dice: “¡Resiste!”

Si puedes hablar a las masas y conservar tu virtud.

o caminar junto a reyes, sin menospreciar por ello a la gente común.

Si ni amigos ni enemigos pueden herirte.

Si todos pueden contar contigo, pero ninguno demasiado.

Si puedes llenar el inexorable minuto,

con sesenta segundos que valieron la pena recorrer.

Tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella,

y lo que es más: serás un hombre, hijo mío.

Rudyard Kipling