Nuevas oportunidades, nuevos proyectos. ¿Hasta dónde dar? ¿Hasta qué punto? ¿Cuál es el límite? No encuentro una respuesta clara.

Voy tomando mis decisiones, que no sé si realmente son las acertadas, pero desde luego son las que encuentro como mejores en base a experiencias previas, y en base a mi intuición. Experiencias previas buenas y otras nada buenas. Cicatrices que quedan, y que se sienten raro cuando las tocas de nuevo. La intuición falla a veces, otras muchas no, afortunadamente. ¿Hasta dónde dar? ¿Es prudente? ¿Es apropiado, es conveniente, es algo realmente bueno?

Dónde quedó ese tiempo de ingenuidad, de hojas en blanco, sin dobleces, sin arrugas, sin sombras, sin rayajos ni tachaduras. Ese tiempo de vocación sin más.

No es personal, es algo profesional, dicen muchos. Y a mí, que me cuesta no echar algo de mí en cada cosa que hago, en mi día a día. En cierto modo les envidio, pero no del todo.

Nuevas oportunidades, nuevos proyectos. ¿Hasta dónde dar? ¿Hasta qué punto? ¿Cuál es el límite? No encuentro una respuesta clara.

Probablemente no la haya. “Habrá que asumir el riesgo, no quedarse en frustaciones y miedos por experiencias pasadas. Habrá que asumir el riesgo o si no, no crecerás ni harás crecer a nadie nunca”, me susurra mi intuición.

“Valiente”, Canción de Vetusta Morla.