Comenzaba el mes de junio de 1964. Al iniciar la clase, Paco, un chaval de 12 años, se me acercó con un frasco lleno de una sustancia nueva que sacaban de las entrañas de la meseta burgalesa de Sargentes de la Lora. “Para Vd. Don Luis. Es petróleo de mi pueblo”. Fue un regalo que aprecié por su novedad y porque procedía de una tierra cercana a los preciosos valles del Ebro y del Rudrón con Valdelateja, Covanera y Tubilla del Agua (of the water, que dirían mis hijos), pueblos todos de enorme belleza, unidos a mi infancia.

Era mi primer curso como profesor en Burgos… En el pueblo de mi alumno Paco,  Ayoluengo-Valdeajos , se había descubierto nada menos que petróleo “de calidad extraordinaria”. Aquel “oro negro” nos haría ricos y energéticamente independientes… se habló incluso de montar una refinería. Era, decían algunos periódicos, una bendición celestial hacia una España que celebraba los XXV años de “pa… ciencia” con su caudillo Franco…

La empresa española Campsa y las americanas Chevron y Texaco comenzaron la producción en 1967 e incluso construyeron un pequeño oleoducto… Ayoluengo se convirtió en lugar obligado de visita: los Príncipes de España, el NODO… Yo también acudí a admirar el descubrimiento. El padre de mi alumno Paco me lo mostró orgulloso: “Aquí en Burgos está el futuro de España. Está Vd., me dijo con cierta suficiencia, en el Texas español”. Era un bonito sueño. Cuando pasados unos años ascendí de nuevo los mil metros del páramo de la Lora burgalesa me encontré con un Ayoluengo distinto. El pétroleo se extraía en 53 pozos que con sus caballitos y sus ruidos habían transformado el paisaje, allí faneaban medio millar de trabajadores, se abrieron cinco bares en el pueblo… Todo ello creaba expectativas y alimentaba un patriotismo de cortos vuelos. Pero ni la cantidad ni la calidad del petróleo fue la esperada y muy pronto la realidad rompía todos los sueños de futuro. Ayoluengo era un espejismo más, como aquél  “Bienvenido Mr. Marshall” de Berlanga.

No faltaron rumores, como “seguro que hay mucho petróleo y se explotará cuando a algunos les interese…”. Pero todo eran ilusiones, esperanzas, fantasías.

A mí me ha enseñado que –como país y a título personal- no debemos confundir los deseos con la realidad y también que nadie tiene derecho a crearnos expectativas falsas.


Han pasado cincuenta años y  el Ministerio de Energía no concede la prórroga a los actuales propietarios, la empresa británica Leni Gas & Oil. Aquel sueño se reduce a que lo producido equivale al 0,01 % del consumo anual de hidrocarburos, a que toda la extracción realizada sólo ha cubierto el equivalente al consumo de un trimestre, a que hoy trabajan en los pozos 18 personas y a que las tabernas han quedado reducidas a una que, eso si, mantiene como nombre “El oro negro”… Es el fin de la extracción de petróleo en la España peninsular (siguen las extracciones en plataformas marinas frente a las costas de Tarragona). Pero en el pueblo de Valdeajos se dice que no se ha extraído ni el 20 % de lo que existe, que el pozo 37 es el que más producía y debe con otros muchos reabrirse, que ya existe hasta un Museo del Petróleo en Sargentes… Hoy en el páramo del petróleo aparecen ya molinillos prestos a dar la alternativa al petróleo y Burgos es la provincia con más aerogeneradores.

Lo del “oro negro” de Ayoluengo ha sido una quimera. A mí me ha enseñado que –como país y a título personal- no debemos confundir los deseos con la realidad y también que nadie tiene derecho a crearnos expectativas falsas.

 

Foto de portada: “Petróleo en Lora, Burgos”. Autor: Lumiago