“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.”

Autor: Augusto Monterroso.

Hace unos años, gracias a mis padres, conocí uno de los relatos más cortos escritos en lengua española.

El microrrelato comienza con “cuando despertó”. Evoca una amenaza o una preocupación profunda. Sin duda alguna, uno no regala su primer pensamiento al despertar a algo superfluo. Las peores preocupaciones son aquellas que te acechan al despertar.

Continúa con “el dinosaurio”. Un ser arcaico. Depredador infatigable de ilusiones, de oportunidades, de poder, de dominio. Persistente, avaro, amenazante, guiado por el instinto aunque no necesariamente irracional. Malvado.

“Todavía estaba allí”. Cansancio, hastío, impotencia, desgaste, triste certeza de que ahí está. Parecía que después del sueño desaparecería, pero parece que sólo lo respeta, porque al abrir los ojos ahí sigue. Fue sólo un espejismo, un sueño.

¿Qué es el dinosaurio? Para cada uno puede ser una cosa completamente distinta: un anhelo, una circunstancia, una persona o personas, una debilidad, una dificultad, una cicatriz en nuestra vida, una derrota, etc.

¿Cuál es mi dinosaurio? Realmente no importa, tampoco creo que desvelártelo te vaya a aportar mucho, ciertamente.

Lo que tengo claro es que nunca me convertiré en un dinosaurio, porque a pesar de que pudiere ser una forma eficaz de luchar a un mismo nivel y acabar con él, creo que me perdería a mí mismo en ese proceso. Eso nunca.

Me voy a dormir sabiendo que mañana estará allí mi dinosaurio, ¡faltaría menos! ¿Pero sabes? todavía confío en mí, y cuento con el apoyo de los míos. Te prometo que lucharé con lo que soy y con lo que cada día voy aprendiendo de esta vida.

Pero cuéntame, y tu dinosaurio, ¿cuál es?